Aunque es bien sabido que Frankenstein es el nombre del científico y no del monstruo, películas clásicas como The Bride of Frankenstein de 1935 ayudaron a cimentar esta confusión histórica. En aquella secuela, Elsa Lanchester interpretó tanto a la novia como a Mary Shelley, un doble papel que parece haber inspirado la nueva propuesta de la directora Maggie Gyllenhaal. En esta versión, Jessie Buckley ofrece una actuación arrolladora como la siniestra esposa, devorando cada escena junto a su coprotagonista, Christian Bale, en un relato donde ella es la verdadera protagonista absoluta.
Esta nueva historia se aleja del horror tradicional para convertirse en una comedia negra violenta y ruidosa, con reminiscencias de The Rocky Horror Picture Show y homenajes a la sofisticación de Young Frankenstein de Mel Brooks. La trama se desarrolla como una aventura de gánsteres de los años 20 y 30, reimaginando al monstruo y su pareja como una versión de ultratumba de Bonnie y Clyde. Todo parte de la premisa de que el fantasma de Mary Shelley, lleno de desprecio por los hombres mediocres que conoció en vida, busca una mujer viva en la cual reencarnarse.
El espíritu de Shelley elige a Ida, una mujer dura vinculada a la mafia de Chicago interpretada por Buckley. Durante una noche de posesión, el cuerpo de Ida sufre convulsiones mientras balbucea con un refinado acento británico, en una escena que mezcla el horror de The Exorcist con el humor absurdo. Tras ser asesinada por órdenes de su jefe, el señor Lupino, su destino se cruza con el del monstruo de Frankenstein. Este aparece ante la doctora Euphronious, interpretada por Annette Bening, suplicando conmovido por una compañera que alivie su soledad existencial.
La científica decide exhumar a Ida y devolverle la vida mediante descargas eléctricas, otorgándole una nueva apariencia con cabello encrespado, lengua negra y marcas oscuras en los labios. El monstruo de Bale, por su parte, dista mucho de versiones más estilizadas o románticas de otros directores; su rostro está marcado por cicatrices toscas y moretones, recordando a un boxeador castigado por los años. Pese a su aspecto rudo, muestra una actitud protectora y casi paternal hacia Ida, mientras intenta imitar el estilo galante del actor de Hollywood Ronnie Reed.
La pareja de amantes proscritos huye de la justicia tras acabar con varios criminales, siendo perseguidos por el detective Jake Wiles y su brillante asistente, Myrna Mallow, interpretada por Penélope Cruz. A pesar de la energía del filme, se perciben algunas oportunidades perdidas, como la ausencia de una ceremonia de boda formal o el hecho de que Gyllenhaal abandone el recurso del acento británico de Mary Shelley tras el primer acto. Es una lástima, pues ese matiz vocal añadía una capa de humor muy efectiva a la interpretación de Buckley.
Aun con estos detalles, la actuación de Jessie Buckley es el motor que sostiene la película, especialmente en sus momentos de locura desatada. Su química con el imperturbable Bale brilla en secuencias memorables, como una coreografía espasmódica durante una fiesta de etiqueta. Sin la entrega total de Buckley, el proyecto carecería de su alma bizarra; gracias a ella, se transforma en un espectáculo extraño y sumamente disfrutable sobre la felicidad conyugal en el más allá.
