Alejandro González Iñárritu
Alejandro González Iñárritu, nacido en la Ciudad de México en 1963, es uno de los cineastas más laureados de la historia contemporánea, siendo ganador de cinco premios Óscar. Antes de revolucionar el cine, “El Negro” vivió experiencias fundamentales viajando por Europa y África en barcos cargueros, lo que moldeó su visión del mundo. A su regreso, se convirtió en una figura clave de la radio mexicana como director de la estación WFM, donde su estrecha relación con la música influyó profundamente en su estilo narrativo. Tras estudiar dirección teatral y fundar la exitosa productora Z Films, debutó en el largometraje con Amores perros (2000), cinta que no solo lanzó la carrera de Gael García Bernal, sino que internacionalizó el nuevo cine mexicano al recibir una nominación al Óscar.
Su consolidación en Hollywood llegó a través de una “trilogía de la muerte” marcada por estructuras no lineales y un profundo realismo emocional, compuesta por Amores perros, 21 gramos y Babel. Esta última le otorgó el premio al mejor director en Cannes, convirtiéndolo en el primer mexicano en lograrlo. Tras explorar la introspección con Biutiful, Iñárritu alcanzó la cima de la industria con Birdman (2014), por la que ganó tres estatuillas, incluyendo Mejor Película y Mejor Director. Al año siguiente, hizo historia con El renacido (2015), filme que le otorgó su segundo Óscar consecutivo a la dirección —un hito no visto en 66 años— y permitió que Leonardo DiCaprio obtuviera su primer premio de la Academia.
Más allá de sus largometrajes, Iñárritu ha sido un pionero tecnológico y cultural; en 2017 recibió un Óscar especial por su instalación de realidad virtual Carne y arena, y en 2019 se convirtió en el primer latinoamericano en presidir el jurado del Festival de Cannes. Su compromiso con el arte se refleja en su labor como mentor de nuevos talentos y en su constante búsqueda de retos creativos, como declaró al recibir el doctorado honoris causa por la UNAM. Definido por su audacia y su rechazo a las fórmulas preestablecidas, el cine de Iñárritu sigue siendo una exploración de “altísimo riesgo” que conecta realidades globales a través de la fragilidad humana.



